Tribus Urbanas – Origen

http://esteblognoesparati.files.wordpress.com/2008/05/tribus-urbanas.jpgEl fenómeno de las tribus sociales o contracultura inicia al final de la Segunda Guerra Mundial, cuando del desencanto juvenil ante una crisis globalizada los enfrentaba a un futuro sin esperanzas aunque algunos apuntan incluso a fenómenos anteriores como génesis de la pérdida de identidad personal a través de la pertenecía de grupos que reemplazan la autoestima perdida con antivalores que se expresan lo mismo en el fanatismo deportivo de las porras, barras o hooligans, las sectas religiosas ultras, las maras, gangas o pandillas o cualquier manifestación social que sustituya en el joven el apoyo de una familia desintegrada, disfuncional o inexistente.

La primera tribu emergente de ese periodo es la de los “rebeldes sin causa”, etiquetados así por una sociedad sumamente conservadora y vigilante del status quo que rechazaba todo lo que le fuera ajeno en todos sentidos: valores sociales, moda, lenguaje, conducta, segregación racial, etc. y que no comprendía las quejas y demandas de una juventud que enarbolaba la libertad como bandera tanto en lo sexual como social.

Dado que el orden mundial aun no ha logrado dar respuesta a las demandas de los marginados, los punks mantienen viva su postura que básicamente es atacar todo lo establecido y moralmente correcto con actitudes de violencia extrema y se ha trasladado bien a países como el nuestro donde la corrupción y el costo de una democracia imperfecta refleja todos los vicios políticos que siguen alimentando un odio creciente al gobierno en turno.

En los ochenta y noventa, con la pérdida de las utopías sociales, surgen otras tribus urbanas hijas también del desencanto y el aburrimiento y a éstas pertenecen los darketos o góticos quienes encuentran su inspiración y filosofía de ser en las novelas de vampiros como las salidas de la pluma de Bram Stocke, padre literario de Drácula y las más modernas de Anne Rice, Stephen King y otros tantos autores más de este popular género.

Los darketos, que visten de negro riguroso al estilo romántico, con largos abrigos y complicada parafernalia, complementan el look con maquillaje pálido, largas uñas y ojos enmarcados en tonos oscuros, prefieren la música estridente en alemán o sueco aunque no entiendan de la letra una palabra y afirman que el contacto con el más allá a través de complejos rituales en cementerios y el beber sangre es lo suyo aunque la verdad nos indica que éstos hijos desobedientes de Nosferatu son en realidad más cuento que novela.

Cuando la indiferencia social, la desintegración familiar y la falta de posibilidades de un futuro con oportunidades reales se une a una sociedad deshumanizada por la comunicación despersonalizada presagiada ya brillantemente por George Orwell en su imprescindible novela 1984 se agudizan, los jóvenes encuentran una nueva opción para encauzar sus inquietudes y frustraciones: Los Emos o emotivos, manifestación que favorece el dolor como vehículo y la tristeza como bandera, contraponiéndose diametralmente a los punks; mientras los emos sufren para sentirse vivos, los punks lastiman para justificarse. Los unos son masoquistas sociales y los otros sádicos.

El look Emo es inconfundible y se vuelve como en todas las tribus urbanas su uniforme social e identidad grupal: el pelo oscuro sobre los ojos en flecos asimétricos para dar aire de desvalido o la interpretación post moderna de los llamados poetas malditos, aunque dudosamente algún emo ha leído a Verlain o Baudelaire; los pantalones de tubo sumamente ajustados preferentemente negros que dejan al descubierto ropa interior de colores y con dibujos infantiles al igual que sus camisetas de rayas que muestran personajes de los comics infantiles o de bandas de rock, complementado con tenis de colores, usados nunca nuevos, de tipo ska o de grandes suelas de goma y cinturones de estoperoles y grandes hebillas metálicas.

El maquillaje unisex, al igual que sus tendencias amorosas, es negro y marcado y sus ropajes deben dejar ver las cicatrices de los cortes en la piel hechos a navaja, ya que sólo al sufrir y gozar con el dolor, encuentran una razón de existir, con una tendencia marcada al suicidio.

Curiosamente los emos al igual que los punks y darketos, son subculturas eminentemente racistas y sexistas, particularmente opresoras de la mujer que en todas ellas es un mero objeto, antítesis de toda lucha feminista.

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